lunes, 6 de diciembre de 2010

CONSULTORIO AL AIRE LIBRE

El medio donde habitualmente se brinda atención a personas que padecen diferentes tipos de enfermedades dista mucho de ser parecido a la naturaleza, estando limitado por paredes, ventanas, puertas, camillas, sillas, escritorios, aparatología médica, kinesiológica, etc.

En estos lugares los sonidos, aromas, texturas, y colores, como la lógica supone están relacionados con está, relacionados con los elementos circundantes, haciendo que lo que impresiona al sensorio sea rutinario, repetitivo, monótono, mecánico, inanimado; haciendo que las respuestas a ellos se demarque en los mismos aspectos, a través de los cuales los pacientes en muchas ocasiones guardan como memoria situaciones de temor, tedio, aburrimiento, resistencia, stress. Estas situaciones de hecho no son las mejores para la recuperación de la salud.

El hábitat del caballo, o sea su medio ambiente es un lugar:
Abierto, natural, biológico, dinámico, interactivo, donde todo está en permanente, acción reacción, estímulo – respuesta. Pleno de sonidos, aromas, texturas, temperaturas, colores formas, movimientos, ritmos, sensaciones, la presencia de otros animales como pájaros, ovejas: VIDA.

Avena, alfalfa, viruta, maderas, cueros, metales, tierra, pasto, agua, árboles, flores, arbustos, pasto, Aire, viento, sol, lluvia. El caballo mismo sociable con su propio sistema de comunicación, con su cuerpo tibio, musculoso, grácil, su particular olor, el ritmo que impone con sus pasos en los diferentes aires de marcha.

Y en ese ambiente es donde se crean y desarrollan estrategias de tratamiento específicos para cada paciente, formándose así la triangulación: caballo y su hábitat-paciente-terapéuta.

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